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El crimen de la calle beatas

La pequeña calle de las Beatas, hoy llamada Travesía de las Beatas, de Madrid está situada junto a la Plaza de los Mostenses, entre San Bernardo y Gran Vía. Una zona que  ya os hemos contado en post anteriores que parece estar maldita. En 1776, la calle de las beatas se hizo muy famosa debido al crimen que en ella se cometió  y, sobre todo, por quién fue el asesino.

Se le llamó calle de las Beatas porque en la plaza de los Mostenses se situaba el beaterio de Santa Catalina de Sena. Las beatas que vivían en este convento no tenían clausura y recorrían las calles ataviadas con su tocado blanco, pidiendo limosna en mercados y casa de los nobles. Según la rumorología de la época, algunas eran muy bellas y hasta el primer ministro del rey Felipe III quedó prendado de alguna al verla pasear.

crimen beatas madrid

Ilustración del libro “Madrid dividido en ocho quarteles con otros tantos barrios cada uno”

 

Una noche de 1776, paseando de vuelta a casa un matrimonio y su hija encuentran el cuerpo de un hombre tendido en la calle de las beatas, cubierto de sangre.  Cuando llegan los médicos confirman la muerte del hombre y  comprueban que esta se ha producido por una cuchillada en el corazón.

Cuando la policía de la época comenzó a interrogar a los vecinos, pudieron identificar al muerto, que era un vecino de la zona llamado Diego. Era hortelano, estaba casado, tenía 2 hijas pequeñas y fama de honrado. Nada parecía relacionarle con un ajuste de cuentas o similar. Decidieron entonces seguir el reguero de sangre que comenzaba en el cadáver y así llegaron hasta la puerta de la Parroquial de San Sebastián. Tras seguir preguntando e investigando descubrieron oculto y ensangrentado en el coro de esta iglesia a un sacerdote, que fue detenido y trasladado a la cárcel real.

Los vecinos, parroquianos y hasta la misma policía no daban crédito. ¿Qué podía haber motivado a este cura a matar a puñaladas a Diego? La respuesta se la daría la mujer del fallecido al día siguiente.

Resulta que el sacerdote se había enamorado de una modista, Manuela de nombre y vecina de la calle de las beatas, que le cosía la sotana y había comenzado a rondarla incluso ofreciéndole serenatas. En una de estas, con el consabido ruido, estaba el cura, cuando Diego le increpó con frases del tipo “¡Menudo sinvergüenza, este ni es cura ni es ná!” “ ¡Vaya cura! ¡Y mañana irá a celebrar misa!”. El sacerdote acuchilló a este vecino protestón a los pocos días de que le increpara.

Además del escándalo que supuso este crimen en Madrid, también es importante porque fue la primera vez que un sacerdote era sometido a un proceso civil sin tener que esperar a que actuase antes la justicia eclesiástica y se le condenó a muerte previa desconsagración. Durante mucho tiempo, la Iglesia se limitaba cambiar a estos “curas descarriados” de parroquia, según Salvador Daza, co-autor del libro “De la santidad al crimen: clérigos homicidas en España (1535-1821)”.

A pesar de todo la sentencia no se hizo efectiva, ya que el rey Carlos III intervino en el proceso y perdonó al sacerdote, salvándole de la condena a muerte. Podemos decir que el cura, se hizo un escape en el último minuto 😉

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